top of page

¿Te atreves a poner tu examen en ChatGPT?

mi hija explicándome qué son los polinizadores

Serie: La evaluación estaba rota (2 de 4)


En la primera entrega de esta serie hablé de algo que me quita el sueño: nuestro sistema de evaluación estaba roto mucho antes de que la inteligencia artificial entrara al salón de clases. Premiamos la repetición por encima del pensamiento y confundimos memorizar con aprender. Cuando apareció ChatGPT, no rompió nada nuevo; solo iluminó lo que ya estaba fracturado.


Cerré aquella reflexión con una idea que quiero empujar hoy un poco más lejos: el rediseño educativo (y la adopción inteligente de la IA) no empieza en la universidad. Empieza en primaria.


Este fin de semana me pasó algo pequeño, doméstico, sin pretensión académica, pero que me dejó pensando más que cualquier paper reciente.


Mi hija de ocho años tenía que preparar una exposición sobre polinizadores. Caminábamos a la papelería por la cartulina de rigor cuando le pregunté:

—A ver, cuéntame. ¿Qué son los polinizadores?


Confieso que mientras esperaba su respuesta ya estaba ensayando mentalmente cómo YO le iba a explicar el tema a ELLA.


Cuál sería mi sorpresa cuando empezó a explicarme, con sus palabras y sin guion, que son animales que ayudan a las plantas a reproducirse. Me contó que las abejas llevan el polen pegado en las patitas sin darse cuenta y que los murciélagos polinizan el agave: “el del tequila, papá, ¡los murciélagos se emborrachan!”, dijo entre risas. Yo también me reí.

¿Era perfecta la explicación? No.¿Faltaban datos técnicos? Seguro.

Pero entendía (y se entendía) lo que decía. Lo había hecho suyo.


Al llegar a casa, buscó imágenes, recortó y pegó. Pero antes de terminar, hicimos algo más: abrimos Gemini. Ella le pidió que le hiciera preguntas para ver si estaba lista. La IA le preguntaba a su nivel y mi hija contestaba emocionada, casi brincando en la silla cada vez que la herramienta confirmaba que iba por buen camino. Cuando se acabaron las preguntas, pidió más:

—¿Ya no hay? Hazme otra, Gemini.


Ahora que lo escribo, se me hace un nudo en la garganta. No por la IA, sino por ella. Por ver a una niña de ocho años usando la tecnología no para copiar, sino para retarse y comprobar su conocimiento.


Entonces me pregunté: ¿Y si la evaluación de su escuela solo le hubiera pedido “Define qué es un polinizador”?


Habría copiado la definición del libro (o de ChatGPT) en veinte segundos. Y nos habríamos perdido todo lo demás: la explicación camino a la papelería, la risa del tequila, el reto con Gemini y el brillo en sus ojos al saberse capaz. Todo eso, lo que realmente demuestra que aprendió, va mucho más allá de un "define".


Si una evaluación puede resolverse copiando y pegando lo que genera la IA, el problema no es el alumno. Es el diseño.


Quitémonos de una vez la falsa idea de que “es que ahora los niños no quieren pensar”. Nosotros mismos les hemos diseñado caminos donde pensar es opcional.


¿No me crees? Hagamos una prueba:

Toma tu última evaluación. La más reciente. Cópiala en ChatGPT tal cual está. Pídele: “responde este examen”. No optimices el prompt. Hazlo simple.

Cronometra.

Si ya estás pensando “ni lo intento, lo contestará en segundos”, entonces ya sabes qué es lo que urge cambiar.


¿Menos de un minuto? ¿Respuestas coherentes? ¿Aprobó sin despeinar sus pixeles?

Entonces tenemos que platicar.


De memorizar a explicar

El verbo más usado en nuestras evaluaciones es “define”. Define célula; define revolución; define fracción.

Definir es exactamente lo que la IA hace con una facilidad aplastante. Pedirle que defina algo es como pedirle a un pájaro que vuele.


Ahora cambia el verbo:

  • “Explícale qué es una fracción a tu hermano menor.”

  • “Relaciona el ciclo del agua con algo que hayas visto en tu vida diaria y explícalo con tus palabras.”

  • “Aquí hay tres explicaciones sobre la Revolución Mexicana. Una tiene un error histórico. Identifícalo y justifica tu respuesta.”


¿Notas la diferencia? Ya no basta con copiar. Hay que comprender, traducir, aplicar.



De evaluar el producto a evaluar el proceso

Evaluar solo el resultado final es como calificar un partido de la Champions viendo únicamente el marcador. Cualquier pambolero te diría que no viste la estrategia, los ajustes, los errores, las decisiones del momento. Solo viste el número final y eso no es suficiente para disfrutar del juego.  


Eso hacemos cuando calificamos únicamente la entrega terminada y el cambio es más simple de lo que parece:

  • Pide borradores intermedios.

  • Solicita justificaciones: “¿Por qué elegiste esta solución?”

  • Incluye defensas orales, incluso en primaria.


Saber defender un trabajo es la diferencia entre repetir una receta y saber cocinar.


De prohibir la IA a integrarla como herramienta de pensamiento

Muchas escuelas están optando por la vía rápida: prohibir, bloquear, vigilar. Mandar una circular a los papás. Sentir que “hicimos algo”.

No los culpo. La presión es real.


Pero prohibir sin rediseñar es como quitarle la calculadora a un alumno que nunca aprendió a razonar. Solo pospones la solución real del problema.


La alternativa es más exigente:

  • Escribe tu respuesta primero. Luego compárala con la de la IA. ¿En qué son distintas? ¿Qué mejorarías?

  • Genera una explicación con IA y detecta un error o un dato que debas verificar.

  • Usa la IA como borrador inicial y explica cada cambio que hagas.


Mi hija no usó Gemini para copiar. Lo usó para retarse.

La alfabetización del siglo XXI no es saber escribir prompts complejos. Es saber dudar, verificar y mejorar.


Sé lo que algunos están pensando: “Suena muy bien, pero con cuarenta alumnos y el programa encima no es viable.”


Lo entiendo. De verdad.


Pero no estoy pidiendo que rediseñes todo mañana. Estoy pidiendo algo más modesto y más poderoso a la vez: empieza por una sola evaluación.


Cambia un “define” por un “explica”.Pide un borrador donde antes solo pedías el resultado final. Abre cinco minutos para que un alumno defienda su trabajo.

Un centímetro y luego otro: así se mueven los sistemas.


Hace poco, en una escuela donde implementamos uno de nuestros programas, el director nos pidió ayuda para detectar a quienes copiaban o usaban IA. Nos negamos. Es más urgente diseñar evaluaciones donde copiar no sea suficiente, que invertir en sistemas cada vez más sofisticados para perseguir síntomas.


En la próxima entrega vamos directo a las herramientas: bitácoras de pensamiento, comparación de soluciones, preguntas metacognitivas y defensas orales. Todo con ejemplos aplicables desde tercero de primaria hasta segundo de bachillerato.


Para que la próxima vez que pongas tu evaluación en ChatGPT, no sea la IA la que apruebe… mientras tus alumnos solo cumplen.



Haz hoy mismo un diagnóstico de tu colegio para conocer tu nivel real de adopción tecnológica y de IA, identificar brechas y definir una hoja de ruta concreta.


En Nodo acompañamos ese proceso con metodología, formación y seguimiento. La pregunta no es si necesitas hacerlo. La pregunta es cuándo vas a empezar.

Recibe en tu buzón el último artículo cuando salga.

Comentarios


bottom of page