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Los estudiantes ya despegaron. ¿Las instituciones siguen en la pista de despegue?


Hay cifras que caen como balde de agua fría… no porque fueran impensables, sino porque validan una intuición reciente que aún incomoda admitir:


86% de los estudiantes ya usa inteligencia artificial.Sólo 10% de las instituciones tiene lineamientos mínimos.


A principios de año, mientras preparaba una conferencia, estos datos ya rondaban —aunque basados en el ciclo anterior— y pensé que para esta fecha algo habría cambiado. Ingenuo optimismo. La realidad llegó a bajarme del ladrillo: la brecha no se está cerrando; se está ampliando semestre a semestre. 


Y no por mala intención, sino por estructura: las nuevas generaciones adoptan estas herramientas con naturalidad, energía y cero pudor tecnológico… mientras las estructuras académicas avanzan a ritmo de cangrejo cansado, tratando de decidir qué herramienta prohibir esta semana.


En un episodio reciente del podcast AI Diatribe, Jason Lowe conversa con Lance Eaton (Northeastern University) y Matt Konwiser (IBM). Comparten estos datos, analizan el estado actual de la educación y confirman algo que cuesta pronunciar en voz alta: la educación superior  (y, añado, la básica e intermedia) reacciona demasiado lento para la velocidad real de adopción en los salones de clase.


Si esta brecha no se atiende pronto, las universidades corren el riesgo de perder su papel como espacios de construcción del futuro… porque sus estudiantes ya están viviendo en él.


“Es que los chavos ya vienen con otro chip…”


En prácticamente todos mis talleres aparece el mismo comentario:

“Es que los chavos ya vienen con otro chip, ellos saben usar la herramienta del mes mejor que yo…”


Mi respuesta es inmediata:

“¡Claro! Porque ellos YA trabajan, investigan, escriben y crean con esas herramientas todos los días.”


No es genética ni chip mágico. Es exposición, práctica y disposición.


Seguir preguntando qué herramienta bloquear hoy es como intentar atrapar humo con las manos. Las herramientas cambian cada 90 días (o menos). La deshonestidad académica no se resuelve con detectores que fallan una vez sí y otra también, sino con diseño educativo inteligente, evaluaciones congruentes y acompañamiento real.



Cuando comparas educación con el mundo corporativo…


En mis consultorías a empresas lo veo clarísimo. Lo confirma también Konwiser en su análisis:

  • En corporativos hay KPIs, responsables claros, procesos vivos y gobernanza real. Eso permite mover piezas rápido.

  • Las universidades crean una “comisión interdepartamental para analizar el fenómeno IA” que se reúne 4 veces al año y en la última sesión deciden crear un subcomité.

Lejos de mí emitir un juicio moral; es simplemente un reconocimiento estructural: las instituciones educativas no fueron diseñadas para ciclos de innovación acelerados. Estamos ante un diseño organizacional del siglo XIX chocando contra innovación del siglo XXI. (Más reflexión sobre esto en mi artículo)


¿Qué debemos hacer entonces?

La solución no es “actualicemos una política y listo”.La solución es repensar cómo entendemos el aprendizaje en la era de la inteligencia artificial.


Aquí cinco movimientos críticos que propongo:


1. Políticas vivas y flexibles

Ni documentos eternos guardados en el cajón del director, ni PDFs que nadie lee.Políticas trimestrales, integrales y construidas con toda la comunidad —no solo con el pequeño grupo encargado de “actualizar el archivo”.


2. Evaluaciones que midan lo que sí importa

Menos tareas repetitivas y googleables.Más análisis, creación, síntesis, iteración, proyectos auténticos.Evaluaciones que estén a la altura del mundo que los alumnos ya habitan.


3. Docentes con acompañamiento real

El docente es guía, brújula, tono moral.Si él no muestra curiosidad, apertura y ganas de aprender, ¿qué mensaje reciben los alumnos?La formación debe ser práctica, continua, aplicada. No PDFs teóricos olvidados en una carpeta.


4. Transparencia con estudiantes

Decir lo evidente:

“La IA es parte del aprendizaje. Te enseñaremos a usarla bien.”

Nombrar la realidad no debilita a la institución; la vuelve creíble.


5. Gobernanza al ritmo de la tecnología

Comités pequeños.Decisiones rápidas.Cambios aplicables en días, no semestres.Si no funciona, se revierte. Si funciona, se escala.Y todo monitoreado con sistemas vivos e inteligentes.


El riesgo de no hacer nada es real. La inercia parece inofensiva, pero en educación expulsa a quienes sí quieren avanzar.

Las instituciones que no se muevan terminarán creando esta paradoja:

Estudiantes nativos del futuro… Universidades reliquias del pasado.


Y no sé tú, amigo lector, pero yo no quiero eso.Estoy convencido de que la transformación educativa empieza acompañando a las personas, no persiguiendo tecnologías como si fueran brujas del milenio.


Esa es mi misión —y también la de Nodo—: trabajar con directivos, docentes y comunidades escolares para que la IA deje de ser amenaza y se convierta en herramienta que expande capacidades.


Los estudiantes ya despegaron. La pregunta es si las instituciones vamos a seguir mirando el avión desde la pista… o si por fin corremos, subimos y pilotamos junto a ellos.

Yo ya tengo mi boleto. ¿Y tú?


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26 de noviembre de 2025, 7:00–8:30 p.m.Webinar
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Si quieres ver el episodio completo de AI Diatribe, vale la pena:



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